Cuando mi amiga María me pidió que fuera uno de sus colaboradores no pude decirle que no; me agasajó diciéndome que yo era inteligente y luego me invitó a pizza, y claro… a ver quién es el guapo que es capaz de no caer en semejante trampa. ¡Malditas argucias femeninas!
Desde aquí voy a hacer un acercamiento al mundo del arte en sus diferentes manifestaciones, tratando de huir de los tópicos y centrándome en lo que a mí, como modesto observador, me despierta. Para ello, voy a comenzar con una de las últimas obras que he visto en directo y que me fascinó: el autorretrato de Van Gogh (1889).
Vincent Van Gogh era un desgraciado y estaba como una regadera, y eso se refleja en sus obras en mayor o menor medida. En el museo d´Orsay de París (precioso) se encuentra el que podría ser uno de sus últimos autorretratos (al muchacho le gustaba bastante lo de hacerse selfies al óleo), y resulta interesante por varios motivos:
- Para empezar, tira solo de dos colores complementarios: el azul y el naranja, que combinados funcionan a la perfección, y consiguen que la obra sea muy atractiva, a pesar de su aparente simpleza; tal y como pensamos cuando vemos a las señoras mayores ponerse encima TODAS sus joyas a la vez: a veces “menos es más”.
- Por otra parte, las características líneas onduladas de este pintor impresionista no son aquí algo anecdótico y puntual, sino que lo inundan todo, y el resultado es magistral, especialmente en el fondo, que parece reflejar los fantasmas personales del autor, quien además nos deja entrever su atormentada personalidad a través de su expresión facial. Está serio, la paleta de color es limitada y “solo” aparece él en escena, por lo que podría verse como un cuadro poco interesante y que no tiene nada que contarnos, pero cuando uno lo tiene enfrente no puede parar de mirarlo, porque es una jodida maravilla.
Nuestro amigo Vicente fue un incomprendido toda su vida, y si viajara en el tiempo para ver la trascendencia de su obra una vez muerto, como en aquel episodio de Doctor Who, se tiraría de los pelos (hablando de lo cual, ¡qué preciosidad de barba y melena pelirroja!). Su talento nunca fue apreciado, no pudo vivir de su arte y, al no estar bien económicamente, apenas podía tirar de modelos humanos, de ahí que optara tanto por paisajes y por sí mismo como temas recurrentes en su obra.
Podemos quedarnos con que era el loco que se cortó la oreja, con la eterna anécdota de que solo vendió un cuadro en su vida, o con que es “el tío de los girasoles”, y sería una pena, porque es un pintor imprescindible que marcó un antes y un después en el mundo del arte. ¡Atrévanse a descubrirlo!
****Si quieres conocer la visión del arte de el perenquén, entra en su instagram: @elperenquenazul o en su blog (que dio por concluido en 2015, pero que tiene autenticas joyas: http://trespollosyunagamba.blogspot.com/
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