Vivimos en una sociedad egoísta en la que solo importa nuestro propio ser. Las cosas que nos pasan a nosotros, las cosas que sentimos nosotros, solo nosotros. Cuando contamos una historia, queremos que se nos escuche, pero no lo practicamos con el prójimo. Ya no escuchamos.
El extracto del que les hablo esta semana, va precisamente de eso:
Capítulo III: Escucha
De pronto, algo pasó, algo me llamó la atención inesperadamente. Oí un murmullo, unas voces minúsculas que hablaban, no les di importancia, pero a medida que pasaba el tiempo, ese murmullo se volvió insoportable. Se trataba de miles de personas hablando. Me volvieron loca al poco tiempo, no entendía nada de lo que me decían, eran palabras incoherentes, mezcladas, nada con sentido. Se me metió en la cabeza aquel ruido insufrible, hablaban, parloteaban sin cesar y así todo el rato. Sin darme cuenta ya no podía más, no comprendía qué era todo aquello. No podía diferenciar el día de la noche porque no lo había, en ocasiones el ruido cesaba durante un rato, durante lo que parecían solo unos minutos para mí, luego comenzaba de nuevo... No eran los individuos que estaban conmigo porque ellos permanecían impasibles. Era como si no escucharan nada, como si estuviera loca.
Escuchar, ese verbo perdido. Todos necesitamos que nos escuchen, pero también necesitamos escuchar, y se nos olvida. Los hay que hablan con Dios, para que les oiga, para que escuche sus súplicas, para pedirle cosas... Hablamos, hablamos y volvemos a hablar. Ahora cállate, solo escucha.
¿Es posible que nos escuchen las personas en coma? Ellos también son humanos, buenos, malos… egoístas. Precisamente María, no sabía escuchar, solo oía y lo que oía era ruido. ¿En qué momento nuestra voz se convirtió en ruido? Y además tanto, que ya no parece voz, es precisamente eso, ruido.
Yo si creo que cuando hablamos solos, alguien nos escucha en algún sitio, alguien o algo… no lo sé. Y también creo que las personas que están en coma nos oyen. Aquellos que despiertan, es posible que se les olviden todas las palabras que oyeron, porque tal vez es como cuando sueñas, normalmente no recuerdas que ocurrió, aunque si sabes, que algo pasó.
Un consejo para todos, sobre todo para mí. Escucha. Hay mucho que oír.
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