Se acerca la Navidad, muchos ya han adornado sus casas y otros pronto lo haremos. Se avecinan fiestas sin fin, comilonas sin parangón y felicidad (en teoría)
Aunque conozco muchas personas a las que estas fiestas no gustan, ya que parece reinar un espíritu de amor autoimpuesto. Debemos estar felices porque así lo marca la festividad. S mi particularmente si me gustan, las disfruto y me hacen feliz. Sigo tradiciones como adornar la casa (que no hacer el árbol, ya que mi gato siempre lo acababa tirando y se decidió que al carajo…) el fin de semana del puente de la constitución, reunir a la familia el día 24, cenar con más postín del que en realidad tenemos y hacer una fiesta el día 31 con buffet libre. Pero una de las tradiciones que más me gusta, es “ver la película de todas las navidades” y esa no es otra que: LOS FANTASMAS ATACAN AL JEFE.
Enmarcada en el antiguo “Cuento de navidad” de Charles Dickens, este film nos relata el cambio de actitud y personalidad de Frank Cross (el increíble, inigualable e inimitable Bill Murray) Es un despiadado ejecutivo televisivo que empezó desde abajo (como mascota de la cadena) y llegó a lo más alto a base de constancia y mal humor.
Un día, su antiguo jefe muerto, lo visita para decirle que la vida no es solo trabajar, ganar dinero y estar solo. Frank no le escucha, lleva años en esa dinámica y no va a cambiar porque sí. Su antiguo jefe, le indica que recibirá la visita de tres fantasmas, ya que será esa la única forma de que se de cuenta que debe cambiar.
Pensando que han sido alucinaciones, Murray sigue con su vida tan campante, hasta que comienza a tener visiones y recibe la visita del primer fantasma, un taxista con un humor más que peculiar y poca empatía por el cepillo de dientes. Frank viaja al pasado y se ve siendo un niño, recuerda porqué se enganchó a la tele y porqué cree que es la única constante en su vida, ya que nunca le ha fallado. Cuando regresa y fruto de esa visión de su infancia, se reencuentra con su antiguo amor, a la que nunca olvidó.
El fantasma de la Navidad del presente, una hada con mucho encanto y un increíble gancho de derecha, le muestra a Frank que se está perdiendo y cómo afectan sus directrices a la gente que le rodea. Su familia, la poca que le queda, lo quiere a pesar de que no se lo merece. Su secretaría, que se desvive por él anteponiéndolo a su propia familia con problemas importantes, lo ha salvado más de una vez sin que él tan siquiera se diera cuenta. Y encima, encuentra congelado a un vagabundo al que se negó a ayudar.
La conciencia empieza a pesarle, no está seguro de que lo que ha visto sea real, pero le duele, hay un pequeño cambio en él. Falta un fantasma, el de la Navidad del futuro. Este le muestra cómo será todo cuando él ya no esté, su legado. La mujer a la que amó ya no existe, a cambio, una fría arpía viste su rostro. Su hermano llora una muerte y casi sin darse cuenta, Frank yace en un ataúd a punto de ser incinerado. Siente las llamas, siente el calor, siente la culpa de todo lo que ha hecho o no, todos esos años y de repente… ¡despierta! y suelta un sonoro: ¡¡¡qué alivio, coño!!! con el que siempre me parto de la risa.
Todo termina con amor, caos y canciones, como debe ser en Navidad.
¿Por qué me gusta tanto esta película? No tengo ni idea. Adoro a Bill Murray, tal vez es por eso. Me encanta ver que la gente se supera a sí misma, también puede ser por eso. Sea cuál sea el motivo, es de obligado cumplimiento visionarla en mi casa cada Navidad.
¿Cuál es la película navideña que ves tú?
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