¡Hola!
Presento a otra Colaboradora. Patricia Ojellón, es una de las personas más inteligentes e íntegras que he conocido jamás. Tuve la suerte de trabajar con ella durante menos tiempo del que me hubiera gustado, pero quedó entre nosotras un gran cariño. Entre otras muchas cosas, es escultora y nos mostrará el arte, a través de sus ojos:
La feria 1:54 de arte contemporáneo africano se inició en 2013, de la mano de la emprendedora marroquí Touria El Glaoui. Celebrada con carácter bienal, en Londres y Nueva York, la 1:54, empieza a establecerse como uno de las citas de mayor importancia a nivel mundial sobre el arte contemporáneo procedente de África. Esta feria aboga por el establecimiento de un diálogo artístico entre África, Europa y América del Norte, creando puentes, afianzando lazos y experiencias, y aportando, en cada edición, distintos aspectos novedosos.
El continente africano con sus 54 países es uno de los territorios con mayor creatividad del mundo en muchas disciplinas artísticas, como la música, la pintura o la escultura. Son unos verdaderos maestros cuando se trata del manejo de los colores y de los volúmenes. Supongo que los escasos medios de los que disponen, es un condicionante decisorio para que no lo sean aún más.
El mundo, con los años y la tecnología se ha ido haciendo más pequeño, y gracias a ello, el arte africano llega mejor y antes a Europa y a América.
África contiene una gran variedad de estilos artísticos, y para poder hablar de todos tendríamos que dedicarle bastante más que este modesto artículo de opinión. Pero sí me gustaría nombrar algunos de los artistas más destacados que hay actualmente en el arte africano bajo mi punto de vista.
Uno de los mejores ejemplos es el intrigante Zak Ové, cuyo trabajo se desarrolla entre Londres y Trinidad y Tobago. Obras como la máscara de la era jacobina, con la representación del ejército de Nubia.

La increíble obra de la senegalesa Seyni Awa Camara, “Maternité Submergente” (1986), en español, maternidad abrumadora. Oriunda de Bignona, en la región de Casamance, se crió con su madre, quien también era artesana. Fue así como desde muy pequeña, aprendió a esculpir y modelar barro, construyendo historias relacionadas con sueños, sentimientos, revelaciones, fantasías... Su mayor preocupación es representar su visión del mundo, con gente tan hermosa como fea, tan buena como malvada, siempre desde su condición de mujer wolof, una de las etnias mayoritarias de Senegal.
Victor Ehikhamenor, nigeriano, cuyo trabajo destaca por el uso de relieves y colores, y cuyas raíces están en el presente, pero que se proyectan hacia el futuro; el reconocido pintor senegalés Soly Cisse, formado en la Escuela de Bellas Artes de Dakar en los 90, cuyos lienzos se inspiran en el contexto en que creció el artista, en un periodo de transición en el país, con figuras que emanan del caos y la falta de armonía, con aires activistas.
Gideon Mendel, sudafricano, motivado por dar visibilidad y denunciar la situación que están viviendo los refugiados en Calais ( Es la 'jungla' de Calais, apenas cuatro kilómetros cuadrados en los que han convivido hasta 10.000 personas en condiciones infrahumanas, muchos de ellos niños. Han tardado meses en llegar después de una dramática huida por el Mediterráneo. Han arriesgado su vida, colándose en camiones, intentando llegar al Reino Unido. La única ayuda ha sido por parte de las asociaciones humanitarias, que reparten 2.000 comidas al día, estos suelen dormir en los descampados en las afueras de la ciudad, donde sufren las acciones represivas de la policía francesa, cuyo objetivo es evitar la construcción de un nuevo campamento). Estos no querían ser documentados ni fotografiados, así que Gideon Mendel, decidió coleccionar objetos que se iban encontrando. Una de sus instalaciones más carga emotiva está compuesta de 59 cepillos de dientes, llenos de tierra, testimonios del desgaste, del tránsito por esas tierras.
Africa, al ser un territorio tan “rico” emocionalmente, con todas sus guerras, conflictos, masacres, hambrunas, etc, consigue “criar y crear” de la mayor de las tristezas, a verdaderos artistas que con sus obras logran estremecernos, y nunca pasar desapercibidos.



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